Beber sangre de murciélagos es una mala (y loca) idea

Harriet Hall, Traducido por Alejandro Borgo

En la medicina tradicional china (MTC), uso médico generalizado de productos animales tales como bilis de oso, cuernos de rinoceronte, huesos de tigre y escamas de pangolín ha devenido en la práctica de la crueldad animal y ha amenazado a varias especies respecto de su extinción. Se han propuesto como remedios o encantamientos mágicos, todo tipo de partes animales, como en Macbeth, de Shakespeare: “Filete de una serpiente hervido, en un caldero y cocido; Ojo de un tritón y dedo de rana, Lana de murciélago y lengua de perro, Colmillo de víbora y aguijón de lución, Pata de lagartija y ala de lechuza…”

Tal vez no sea “lana de murciélago”, pero ¿sabía usted que a la “sangre de murciélago” se la considera como remedio? En cierta forma, es justicia poética. Los murciélagos vampiros son conocidos por chupar la sangre de seres humanos, ganado y otros animales. Ahora, los humanos están dando vuelta la tortilla. Beben la sangre de los murciélagos creyendo equivocadamente que beneficia a la salud. ¡Por cierto que no! Podría sonar como una broma, pero ha sido referido en fuentes confiables como el National Geographic.

La revista National Geographic informa que en los Andes, la medicina folclórica incluye la creencia de que con la sangre de los murciélagos se puede tratar la epilepsia. A pesar de que no hay evidencia científica que apoye tal afirmación, la gente continúa utilizando la sangre de murciélago para la epilepsia. Luis Aguirre, líder del Programa Boliviano de Conservación de los Murciélagos, dice que recibe llamadas pidiendo murciélagos por lo menos 5 veces por año, de lugares lejanos como Francia. La sangre se considera como una potente fuerza de vida que puede transferir sus cualidades a quienes la consumen. Se cree que los murciélagos son criaturas poderosas con características únicas; son mamíferos que vuelan. Se trata de pensamiento mágico.

National Geographic hace referencia a dos maneras rituales de usar la sangre de murciélago. “Típicamente, se conseguiría un murciélago vivo, cortándole la cabeza y se bebería su sangre fresca”. Pero si el murciélago ya está muerto, pueden “freírlo con su piel y colocarlo en una bolsa de ropa que luego sería empapada en alcohol para comerlo a su debido tiempo”. No puedo imaginar que estos métodos de consumo resulten muy sabrosos.

Más adelante informan que “No es difícil encontrar murciélagos que estén en venta en los mercados de Bolivia. Usualmente son bien guardados en ásperas cajas de zapatos, algunas con 20 murciélagos apretujados juntos. Los que están vivos arrastrándose entre aquellos que ya han muerto por enfermedad o estrés”.


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No importa que sea ilegal. La ley boliviana prohíbe la matanza o la venta de cualquier animal salvaje sin los permisos apropiados, y las transgresiones son punibles hasta con seis años de prisión. Pero los murciélagos que están en venta son fáciles de conseguir. Una investigación publicada en 2010 encontró que se vendieron ilegalmente más de 3.000 murciélagos por mes en las cuatro ciudades más grandes de Bolivia. Los investigadores comentaron que es probable una subestimación ya que no todos los murciélagos fueron ubicados por ellos y algunos vendedores se negaron a cooperar. Las especies que se venden son los murciélagos de la fruta, murciélagos que comen insectos y, claro, los murciélagos vampiros. Los murciélagos muertos cuestan unos 93 centavos de dólar; los vivos, unos 2,47. Los murciélagos son vitales para el ecosistema. Algunas plantas dependen de ellos para dispersar sus semillas o polinizar las flores. Ayudan al control agrícola de las pestes. Su guano es un valioso fertilizante. Comen mosquitos y otros artrópodos que pueden llevar parásitos y malaria. Cuanto menos murciélagos hay, más probables son las chances de que los humanos contraigan fiebre amarilla, el virus del zika, la malaria y otras enfermedades.

Los conservacionistas hallaron que más del 60 por ciento de las especies de murciélagos conocidas en Bolivia está amenazado hasta cierto punto, y una especie está en vías de extinción. Algunas de las especies más raras se están extinguiendo en algunos ecosistemas. La mayor amenaza es la explotación y destrucción del hábitat. Los murciélagos son tristemente incomprendidos. Son denigrados y se los toma por sucios, feos, infectados por la rabia y como presagio de mala suerte, y la gente los caza y tortura. Los conservacionistas están usando programas de divulgación educativos para enseñar a los niños sobre los murciélagos bajo la premisa de que una vez que las personas conocen a los murciélagos, éstos van a gustarles y la gente va a ayudar a protegerlos.

No hay evidencia de que la sangre de murciélago tenga algún beneficio para la salud humana. Por el contrario, la gente que bebe sangre de murciélago enfrenta de hecho riesgos directos para su salud. Los murciélagos vampiros son los mejores portadores de la rabia, y aunque es probable quela sangre no sea por sí misma transmisora de la infección, la manipulación de murciélagos rabiosos puede transmitirla fácilmente, y los murciélagos pueden traer consigo y transmitir otros patógenos.

Al menos, los nombres de los murciélagos son entretenidos. En castellano, murciélago significa ratón ciego; me encanta el sonido de la palabra murciélago en ese idioma. En Francia con chave-souris (ratones calvos). En Alemania, un murciélago es un Fledermaus (ratón flameante). Die Fledermaus es el título de una opereta de Strauss.

Pero el beber sangre de murciélago es una terrible idea, peligrosa para la salud y el medio ambiente. Solo pensarlo es repulsivo, y el gusto es probablemente asqueroso. Es una mala idea —alocada por donde se mire.

 


 

Harriet Hall

Harriet Hall, médica retirada de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, y cirujana de aviación, escribe y educa sobre la pseudocientírica medicina alternativa. Ha contribuido con la revista Skeptical Inquirer y con el blog Science-Based Medicine. Es autora de Women Aren’t Supposed to Fly: Memoirs of a Female Flight Surgeon y co-autora del libro de texto Consumer Health: A Guide to Intelligent Decision (2012).

Harriet Hall

Harriet Hall, MD, a retired Air Force physician and flight surgeon, writes and educates about pseudoscientific and so-called alternative medicine. She is a contributing editor and frequent contributor to the Skeptical Inquirer and contributes to the blog Science-Based Medicine. She is author of Women Aren’t Supposed to Fly: Memoirs of a Female Flight Surgeon and coauthor of the 2012 textbook Consumer Health: A Guide to Intelligent Decisions.