¡¿Por Qué a Mí?! Los Errores Más Comunes Que Cometemos al Pensar; Parte IV

Alejandro Borgo

En esta entrega voy a continuar con aquellas estrategias que utilizamos para engañarnos. ¿Cómo podemos auto-engañarnos?

Disonancia cognitiva

Una de las causas principales de las racionalizaciones es la disonancia cognitiva. ¿Qué es? ¿Cómo y cuándo se manifiesta? Vamos a ilustrarlo con un ejemplo. Tomemos el simple caso de una persona que va a comprarse ropa. Desea una camisa determinada. Entra en el negocio luego de verla en la vidriera. El vendedor le dice que no tiene esa camisa en el talle que necesita y por lo tanto le ofrece otra similar. El cliente accede, se prueba la otra camisa y al final la compra. Sale del negocio… con cierta insatisfacción. Sabe que no compró la que originalmente quería, es decir, lo que adquirió no es lo que quería comprar. No se siente del todo conforme. Entra en disonancia cognitiva. Es entonces cuando comienza la estrategia de justificación a la cual nos referimos. “Después de todo la tela es de calidad”, “pagué un precio conveniente”, “combina con casi todo lo que tengo”, son algunas de las auto-justificaciones a las que apela el cliente para quedar conforme con la compra. Pero en el fondo sabe que no es lo que deseaba. Este ejemplo, referido a una simple prenda de vestir, puede resultar trivial. Pero no lo es cuando se refiere a cuestiones personales que pueden acarrear conflictos más severos. O cuando se repite constantemente en el tiempo. Una decepción tras otra, una auto-justificación tras otra, van minando nuestras seguridad y autoconfianza y generan estrés. Es decir, la repetición constante de esta estrategia no resuelve los problemas: más bien hace que perfeccionemos nuestras manías de auto-justificación y aprendamos un método incorrecto para razonar sobre nuestros actos.

¿Por qué me pasa esto a mí?: cuando el mundo se nos viene encima

“Recuerda que tus motivos no siempre son tan altruistas como te parecen a ti”.

“No sobreestimes tus propios méritos”.

“No esperes que los demás se interesen por ti tanto como te interesas tú”.

“No creas que la gente piensa tanto en ti como para tener algún interés especial en perseguirte”.

El filósofo Bertrand Russell proponía estas cuatro máximas generales a la hora de tratar una de las principales causas de infelicidad, en el capítulo “Manía persecutoria” de su libro La conquista de la felicidad. Hay muchas personas que están muy pendientes de lo que los demás opinan o del interés que manifiestan sobre ellas; entonces, Russell recomienda no estar tan pendiente de uno mismo y volcar el interés hacia los demás o hacia otras cuestiones.

Aquí, en cambio, trataremos un aspecto especial: ¿cómo pensamos en los acontecimientos que nos ocurren? En una palabra, ¿qué pasa por la cabeza de aquellas personas que sienten y manifiestan que todo les va mal, que no “aciertan” una, que tienen una “mala racha” interminable y que viven una vida desgraciada precisamente por no poder salir del círculo vicioso creencia-comportamiento-creencia reforzada? Las neurociencias y la psicología han avanzado mucho en la comprensión de este tipo de comportamientos y actitudes frente a la vida y a los procesos por los cuales los pensamientos pueden tener tanta influencia sobre nuestro estado emocional, dirigiéndonos hacia creencias infundadas y decisiones desacertadas, basadas en razonamientos equivocados.

Distorsiones cognitivas

Para decirlo sencillamente, las distorsiones cognitivas son pensamientos erróneos que provocan respuestas emocionales negativas. Se ha estudiado mucho lo que les ocurre a las personas que sufren depresión. Veremos que hay una relación interesante entre los errores más comunes que cometemos al pensar y aquellos que cometen las personas que padecen estados depresivos. Esto comienza a explicar las frases repetidas una y otra vez, como lamentos y quejas: “A mí me pasan todas”, “Nunca voy a salir de esto”, “¿Por qué me pasa esto a mí?” y otras por el estilo.

Veamos ahora algunas de las distorsiones cognitivas que más han estudiado los expertos en psicología cognitiva. Cito a David Burns, en su libro Sentirse bien:

Pensamiento todo o nada. Uno ve todo en categorías blanco-o-negro. Si sus resultados no son perfectos, entonces se considera un fracaso total.

Generalización excesiva. Considera un solo hecho negativo como si fuera una derrota total. (Notemos la similitud con lo que Bernard Patten llama “sobregeneralización”).

Filtro mental. La persona considera un solo detalle negativo y se fija exclusivamente en él. (Aquí encontramos similitud respecto de la “memoria selectiva”, solo que para los hechos negativos).

Descalificación de lo positivo. Rechaza las experiencias positivas insistiendo en que no tienen relevancia. (También es una actitud selectiva).

Conclusiones apresuradas. Hace una interpretación negativa aunque no existan hechos definidos que fundamenten convincentemente su conclusión. (Después, cuando pasa el tiempo y lo piensa mejor, se da cuenta de que se podría haber ahorrado un mal momento).

Magnificación o minimización. Exagera la importancia de las cosas o reduce las cosas de forma errónea hasta que parecen diminutas.

Razonamiento emocional. Supone que sus emociones negativas reflejan necesariamente lo que son las cosas en la realidad.

Enunciación “debería”. Trata de motivarse con “debería” y “no debería”, como si tuvieran que azotarlo y castigarlo antes de esperar que haga algo.

Etiquetación. Es una forma de generalización excesiva. Consiste en poner una etiqueta como “Soy un perdedor” o “A mí me pasan todas”.

Personalización. Se ve a sí mismo como la causa de un hecho externo del cual no es responsable. (Recordemos aquí lo que Russell llamaba “manía persecutoria”).

El profesor Thomas Kida cita como errores principales del pensamiento, los siguientes:

  • Preferimos los cuentos a las estadísticas. Es cierto que los rumores y el boca a boca son muy efectivos como medio de desinformación, pero son muy atractivos, sobre todo porque el que los cuenta (como el que cuenta un secreto), experimenta un placer enorme al contar algo que nadie más sabe. ¡Todos queremos ser los primeros en dar las noticias! Ahora bien, más allá de eso, si bien los casos anecdóticos son seductores, resulta difícil comprobar su veracidad, porque los hechos en cuestión son irrepetibles. De allí la difusión de las llamadas “leyendas urbanas”, como la que decía que cierta gente colocaba jeringas o agujas infectadas con el virus del SIDA en las butacas de los cines, de manera que el espectador desprevenido, al sentarse, se contagiaba la enfermedad. Evidentemente, resulta difícil esperar hasta que una investigación cuidadosa dé con la verdad…
  • Buscamos confirmar nuestras ideas en lugar de cuestionarlas. Bueno, esto ya lo tratamos. ¿Quién cuestiona sus propias ideas? Y si alguien las cuestiona, ¿será capaz de cambiarlas o ajustará la realidad a ellas?
  • Raramente apreciamos el rol del azar y la coincidencia como factores que inciden en los hechos. Resulta impresionante la forma en que la gente rechaza la intervención de la casualidad y el azar en sus vidas. “Todo tiene que tener una causa”, reza el eslogan popular, repetido hasta el hartazgo, tan repetido que terminamos por creerlo.
  • A veces percibimos equivocadamente el mundo que nos rodea. Ya hemos dicho que somos malos observadores.
  • Tendemos a sobresimplificar nuestro pensamiento. Y también nuestras decisiones. No estamos al tanto de todos los detalles que un asunto requiere, por lo tanto optamos por simplificar la cuestión y tomar una decisión que necesitamos.
  • Tenemos recuerdos defectuosos. Ya subrayamos que nuestra memoria es defectuosa, agregando y quitando elementos de los hechos verdaderos.

Bernard Patten, en su libro Truth, Knowledge, Or Just Plain Bull: How To Tell The Difference : A Handbook of Practical Logic and Clear Thinking señala las siguientes formas de pensamiento erróneo:

  • Sobregeneralización o generalización excesiva. Como decía Burns, tendemos a sobregeneralizar y, partiendo de una sola experiencia, “deducir” que las próximas serán iguales.
  • Definiciones vagas o ambiguas. No se puede entablar un debate o discusión si previamente no se definen los términos clave. Cualquier definición vaga o ambigua hará que nuestro intercambio termine en saco roto.
  • Post Hoc, Ergo Propter Hoc, es decir, “después de esto, por lo tanto a causa de esto”. Se trata de aquella falacia que dice que porque A sucedió antes que B, entonces A es causa de B.
  • Falsas analogías. El pensamiento mágico nos lleva a hacer asociaciones incorrectas entre dos o más acontecimientos. También es muy frecuente hacer uso de falsas analogías para engañar a la gente.
  • Pensamiento de grupo o de manada. Uno de los más peligrosos y a los que hay que prestarle mucha atención. El seguir a la manada puede ser muy reconfortante, pero también desastroso en términos sociales.
  • Estafas, engaños y trampas. Aquí se halla la colección de fraudes y trampas a las que recurren estafadores y charlatanes de todo tipo. El “médico alternativo” que asegura haber creado una vacuna infalible contra el cáncer, la vidente que  le dice que hará retornar a su ser querido en 24 horas, los negocios fáciles y tantos otros ardides para quitarle el dinero a costa de sus necesidades y/o credulidad.
  • Esquivar la cuestión o asumir que está probada. Esto significa nada más ni nada menos que dar por sentadas cosas que no lo están. Si da por sentado todo, o casi todo lo que cree, es probable que no intente enfrentar un cuestionamiento.

El auto-engaño, por lo tanto, es producto de una de las mayores equivocaciones que cometemos al pensar, sea por nuestras “convicciones” o por las creencias erróneas que sostenemos. Como decía Bertrand Russell, de vez en cuando deberíamos revisarlas seriamente. Sin perder la calma, teniendo en cuenta la importancia que tienen en nuestra vida.

Alejandro Borgo

Alejandro Borgo es Director del CFI/Argentina, periodista, escritor y músico. Ha participado en congresos de escepticismo, librepensamiento y filosofía. Ha escrito cuatro libros, Puede Fallar sobre predicciones fallidas de videntes, astrólogos y mentalistas en co-autoría con Enrique Màrquez, ¡¿Por qué a mí?!, sobre pensamiento crìtico,  ¿Te atrevés a ser libre? y Beatles. Lo que siempre y nunca escuchaste sobre ellos. Ha dirigido las revistas “El Ojo Escéptico” y “Pensar”, dedicadas a la divulgación de la ciencia, la razón y el pensamiento crìtico.